El(la) escultor

Estoy aquí para alumbrar tus cortes de suministro.
No me importa la gloria,
ni la conquista,
solo el reflejo de la llama,
solo ser el paño de tu “pronto”,
solo...
verte brillar.


Me alimento de las gotas de rocío que pueblan tus primaveras,
y a cambio,
te acuno sobre mares donde la sal hace más ligero el movimiento.

Como Miguel Ángel, 

he llegado para quitar el material sobrante a tu bloque.
Porto un martillo y un cincel que,
con la delicadeza de una caricia,
esculpirá tus sombras,
traspasará tus muros,
despegará tus máscaras,
arrancará de cuajo tus armaduras...
Y quedarás desnuda(o)
frente a tu miedo,
frente a tu amor,
frente a tu más intenso dolor.

He venido para que recuerdes los estigmas,
para que traces cicatrices olvidadas sobre la arena,
para que afrontes,
para que liberes,
para que SEAS,
si así lo de-seas.

Y cuando llegue el momento de partir,
no estés triste,
nadie muere eternamente.
Vivimos un tiempo arrendado,
un tiempo prestado,
consumir preferentemente antes de...


Pero qué bonito es bailar.


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